Las Nuevas
Tecnologías se plantean así, como un hecho trascendente y apremiante. En primer
lugar, porque derivan de una aceleración en los cambios y avances
científico-técnicos y en segundo lugar, porque, paradójicamente, provocan
cambios de todo tipo en las estructuras sociales, económicas, laborales e
individuales. Esta situación trae aparejada la creación de nuevos entornos de
comunicación, tanto humanos como artificiales no conocidos hasta la actualidad.
Se establecen nuevas formas de integración de los usuarios con las máquinas, se
modifican los clásicos roles de receptor y transmisor de información y el
conocimiento contextualizado se construye en la interacción que el sujeto y la
máquina establecen. Así, el acceso y tratamiento de la información sin barreras
espacio-temporales y sin condicionamientos, trae aparejado el surgimiento de un
nuevo concepto de mediación educativa que afecta al modelo de relación entre el
individuo, la cultura y la enseñanza (Martínez Sánchez, 1996).
El rol de las Nuevas Tecnologías de la información en los procesos
de cambio social y cultural cobra particular relevancia en el ámbito educativo.
En este sentido, Edith Litwin (1995) sostiene que ciertas concepciones sobre
las reformas de los sistemas educativos en distintos países, atribuyen a la
incorporación de estos recursos un efecto determinante en la mejora de la
calidad del proceso enseñanza-aprendizaje. Las tecnologías de la información se
aplican al campo pedagógico con el objeto de racionalizar los procesos
educativos, mejorar los resultados del sistema escolar y asegurar el acceso al
mismo de grupos convencionalmente excluidos.
Sin embargo, para que las Nuevas Tecnologías de la información se
apliquen como Nuevas Tecnologías de la educación es preciso como señala Vázquez
Gómez (1987), que se cumplan ciertos requisitos básicos, tales como contar con
una adecuada fundamentación en modelos antropológicos, culturales y educativos
que favorezcan una intervención didáctica apropiada, además de una adecuada
formación de los profesores y otros especialistas de la educación.
Nuevas Tecnologías,
nuevos entornos didácticos
Las Nuevas Tecnologías y su incorporación al ámbito educativo
promueven la creación de nuevos entornos didácticos que afectan de manera
directa tanto a los actores del proceso de enseñanza-aprendizaje como al
escenario donde se lleva a cabo el mismo. Este nuevo entorno, creado a partir
de las Nuevas Tecnologías requiere, según Cabero Almenara (1996), un nuevo tipo
de alumno; más preocupado por el proceso que por el producto, preparado para la
toma de decisiones y elección de su ruta de aprendizaje. En definitiva,
preparado para el autoaprendizaje, lo cual abre un desafío a nuestro sistema
educativo, preocupado por la adquisición y memorización de información y la
reproducción de la misma en función de patrones previamente establecidos.
Es por ello que las Nuevas Tecnologías aportan un nuevo reto al
sistema educativo que consiste en pasar de un modelo unidireccional de
formación, donde por lo general los saberes recaen en el profesor o en su
sustituto el libro de texto, a modelos más abiertos y flexibles, donde la
información situada en grandes bases de datos, tiende a ser compartida entre
diversos alumnos. Frente a los modelos tradicionales de comunicación que se dan
en nuestra cultura escolar, algunas de las tecnologías generan una nueva
alternativa tendiente a modificar el aula como conjunto arquitectónico y
cultural estable donde el alumno puede interactuar con otros compañeros y
profesores que no tienen por qué estar situados en un mismo contexto espacial.
Esta nueva perspectiva espacio-temporal exige nuevos modelos de
estructuras organizativas de las escuelas que determinen no sólo el tipo de
información transmitida, valores y filosofía del hecho educativo, sino también
cómo los materiales se integran en el proceso de enseñanza-aprendizaje, las
funciones que se le atribuyen y los espacios que se le concede.
En esta línea, Escudero Muñoz (1995) propone para una integración
aceptable de las Nuevas Tecnologías de la información y comunicación, “la
preexistencia de un programa o proyecto pedagógico, como marco de sentido y
significación para decidir sobre el cuándo, cómo y por qué del uso o no de un
determinado medio o tecnología” (406). Esta integración escolar de las Nuevas
Tecnologías exige una línea de argumentación propiamente educativa, centrada en
reflexionar y debatir sobre qué cuestiones ideológicas entran en juego al
utilizar en la educación ciertos medios dentro de sus posibilidades educativas,
administrativas, y culturales.
Para que los medios queden integrados en el trabajo cotidiano de
las aulas, se requiere la participación activa de un elemento clave: el profesional de la educación. Es
él quien, en cada situación de aprendizaje, con sus decisiones y su actuación,
conseguirá que el medio quede integrado. Desde esta perspectiva es evidente que
el papel que debe desempeñar el profesor ha de sufrir un cambio profundo con
respecto al que ha ejercido de forma tradicional. El profesor pasará de ser el
elemento predominante y exclusivo en la transmisión de conocimientos a
convertirse en una pieza clave del proceso enseñanza-aprendizaje, como elemento
mediador generador y organizador de situaciones las situaciones de aprendizaje.
El profesor constituye una pieza esencial de todo proceso de
mejora cualitativa de la enseñanza, para lo cual su formación inicial en Nuevas
Tecnologías resulta fundamental. De ahí que haya que plantearse seriamente el
tema de la formación de docentes en el uso de las Nuevas Tecnologías desde
planteamientos pedagógicos que garanticen la verdadera integración de estas
herramientas en la realidad escolar.